En abril de 2013 empecé a pintar sobre cartones de embalaje que compraba en tiendas de mayorista. [ ... ] Yo decía que mi arte era ecológico o reciclado o símil... pero me estaba tirando el rollo, porque si lo hacía de esta manera era para ahorrar pasta.
Presentación de la exhibición ''I'm feeding the wolves'' en la Casa Municipal de la Cultura de Avilés.
''Pablo Pons Heres se plantea su trabajo como un ejercicio de éxtasis e inmersión pictórica. En su obra de una alta densidad conviven trazas del informalismo con seres extraños, referencias oníricas y graffitis irónicos en una singular combinación de lenguaje y pintura, un universo que se completa con el soporte empleado: puertas retiradas, rotas, con restos de marcos, sobre la que realiza su particular happening pictórico.''
Extracto del catálogo de la XXV Muestra de Artes Plásticas de Asturias. 2015.
Cristina Burns (España, 1982) es una fotógrafa que trata el tema de los bodegones con bastante frecuencia. Los trastornos mentales relacionados con los insectos y parásitos (síndrome de Morgellons, por ejemplo) son reflejados en las comidas que aparecen en las fotografías de Burns. Además, la presentación de alimentos tan suculentos como pueden ser los pasteles y las gominolas, combinados con la asquerosidad de los bichos, fuerzan al espectador a contemplar un universo de contrastes. Contrastes agresivos, donde un dulce, que reclama ser probado por el gusto, de pronto se ve contaminado por un sinfín de inmundicias tales como vísceras, animales muertos, aves diseccionadas, cabezas humanas de aire infantil... múltiples terrores alimenticios que distancian a estos bodegones del realismo y, sobre todo, de la búsqueda por representar algo agradable y rico para el paladar.
Finalmente, cabe destacar que los materiales empleados en estas fotografías y montajes no son para nada comestibles, sino que se tratan de plásticos y adornos espumosos, lo que confiere a estas obras de arte un aire completamente antinatural. Este, nuevamente, reafirma el carácter surrealista de los bodegones, evidenciando una vez más que se está delante de un alimento sugerente y grotesco, pero que ni el más curioso podrá probar nunca.